El bobo invento de los impuestos ‘verdes’

Es difícil escuchar tantos disparates como los que se han dicho a propósito del debate alrededor de los supuestos impuestos verdes que pretende cobrar el gobierno.

Establecer impuestos para las actividades contaminantes no es para nada absurdo. Por el contrario, las personas deben asumir la responsabilidad de la afectación que hacen al medio ambiente y lo normal es que paguen por aquellas actividades que lo perjudican.

Contaminar no es bueno pero muchas veces es necesario. Por eso está bien que quienes contaminan paguen un costo por ello. Sin embargo, regalar gasolina, lo que actualmente hace el Estado con los subsidios a los combustibles, debe ser sin duda la actividad humana que más deteriora el medio ambiente en el que viven los ecuatorianos.

Desde esa óptica, imponer impuestos supuestamente verdes mientras se regala el mayor agente contaminante no solo que es idiota, sino que es deshonesto, incoherente y anti ético. Es como entregar trago a un borrachito para que el final del día castigarlo con unas fuertes nalgadas.

Y eso es precisamente lo que hace el Gobierno que se ha inventado la categoría de impuestos ecológicos porque necesita dinero para saciar su hambre fiscal y no porque le importe en lo más mínimo el medio ambiente.

Hoy escuché decir a alguien que los impuestos que se pretende imponer a los carros es equivalente a subir el precio de la gasolina porque a la final se castiga a los dueños de los carros que son contaminantes. Desde el punto de vista del medio ambiente y de la convivencia cívica esto es un disparate porque lo mismo va a pagar el dueño de un carro que tiene una actitud responsable frente al medio ambiente y que prefiere usar transporte público para ir a su trabajo que aquel propietario de un vehículo que lo utiliza hasta para ir a la tienda de la esquina.

El ideal del ciudadano que solo utiliza el carro para el fin de semana y para las emergencias, será igualmente castigado que aquel que, estimulado por una gasolina barata, abusa del vehículo sin importarle en lo más mínimo lo que respire su vecino. O su hijo.


En el fondo lo que no se quiere discutir es la eliminación de un subsidio que premia por igual a quien tiene cierta conciencia cívica y a aquel que no la tiene.

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