Archivo mensual: enero 2011

Ruptura de los 25: ¿seguro que más vale tarde que nunca?

Se dice que más vale tarde que nunca. Pero ¿cuánto hay que esperar para que ese tarde no sea lo mismo o incluso peor que nunca? Porque si bien más tarde puede ser mejor que nunca, también puede ser que todo fue demasiado tarde.
La Ruptura de los 25 decidió hoy salir del Gobierno porque el Presidente pretende extralimitarse en sus funciones a través de una consulta, porque la elaboración de las preguntas no salió de un debate democrático y porque, según se colige del comunicado que se leyó, se pretende meter las manos en la justicia.
También hubo una extralimitación del poder cuando la Asamblea Constituyente se inventó una tómbola para sacar a los jueces de la Corte Suprema de Justicia y ahí no dijeron nada.
Hubo autoritarismo en Dayuma y tampoco dijeron nada por más parecido que hubo con las conductas represivas del febrescorderato . Correa maltrató, humilló y deslegitimó a quienes estaban trabajando en el proyecto ITT, ideológicamente sintonizado con la Rupturas de los 25, y ahí también hubo silencio. Un silencio de muerte aunque a Fánder Falconí se lo trató como a piltrafa humana.
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¿Qué tiene de extraño en meter las manos en la justicia?

“Por supuesto que la vamos a meter (mano a la justicia), para mejorar esas cortes con las que nadie puede estar satisfecho, ¿y qué tiene eso de extraño?”
Lo dijo Rafael Correa ayer y si hay algo de cierto en lo que dice es precisamente en eso de que no hay nada de extraño en meter las manos en las cortes.
Sí, nada de extraño hay en lo que han venido haciendo durante muchos años bajo los mismos argumentos y en las mismas circunstancias.
Sí, se ha metido las manos en la justicia cuando las cortes no han hecho lo que al poder le conviene y cuando la justicia, es decir las cortes, se convierten en el paso necesarísimo e imprescindible para tener el control absoluto del poder.
Tiene toda la razón Rafael Correa, no hay nada de extraño que se quiera meter la mano en la justicia; y claro, lo hacía con el mismo desenfado León Febres Cordero quien gracias a su mano en la justicia sembró el terror en el país persiguiendo a quien osaba en desafiarlo, a contradecirlo a cuestionarlo.
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La perversidad en contra de César Carrión

Ayer leí en la página web de Teleamazonas la noticia de que César Carrión, el ex director del hospital de la Policía, ya había cumplido los 90 días de prisión preventiva que le impusieron porque el Presidente de la República le acusó de haber intentado asesinarlo.
La primera reacción que tuve fue pensar que Carrión es un preso de conciencia y que su caso confirma la aterradora tesis de que en el Ecuador hay presos de conciencia.
Sin embargo, cuando pensé más detenidamente en el tema me invadió la duda sobre estos supuestos presos de conciencia porque, en honor a la verdad, Carrión no está preso porque haya tenido determinada postura ideológica o de conciencia. La verdad es que Carrión está preso porque al Presidente de la República se le ocurrió, sin ninguna prueba fehaciente, que este oficial lo quiso matar, y porque esta ocurrencia era el pilar sobre el que se sustentaba la alucinada tesis de que el 30-S hubo una conspiración con intento de magnicidio incluido.
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Pasará cualquier cosa, menos lo que importa

El gran mérito de los impulsadores de la consulta es que han logrado que se hable de todo menos de lo principal. Esto es tan evidente que desde que se presentó la propuesta de consulta, que no fue hace mucho, se ha hablado mucho sobre su legalidad, legitimidad y oportunidad pero nadie, o casi nadie, ha dicho pío sobre si esta consulta va a solucionar, o al menos ayudar a solucionar el problema de la inseguridad.
Esto resulta curioso pues es sabido que fue el problema de la seguridad ciudadana el que hizo que el Gobierno presente esta propuesta de consulta.
No hace falta mucha educación o perspicacia para darse cuenta que si gana el sí, no habrá mayor cambio en el tema de la inseguridad. Seguiremos tan inseguros como antes, pues ninguna de las preguntas relacionadas con el tema de la justicia permite pensar que habrá una mejora. Esto es tan obvio que ni el mismo presidente cree mucho en el objetivo original de la consulta. Incluso el sábado llegó a decir que la idea es de la derecha pero que una vez que está en el tapete habrá que ganar en las urnas.
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Esto no va a servir de nada

Mucho se habla y mucho se hablará sobre la consulta. Unos dirán que es legítima y necesaria y otros pondrán todos los peros a su oportunidad, legalidad y conveniencia.
De hecho, hasta hoy se han desplegado ríos de tinta para habar de ella. Sin embargo, nadie o muy pocos se han planteado la pregunta sobre si la consulta servirá para solucionar el problema por el cual se la quiere convocar: la ola de inseguridad que sufre el país.
Y mientras más se enfoque la discusión sobre la pertinencia legal o no de la consulta, mejor para sus auspiciantes porque solo así se va a diluir lo que se supone debe ser su cometido: mejorar la seguridad.
¿Va a mejorar la seguridad ciudadana con el cambio de jueces? ¿Con la disminución de los plazos para la caducidad de la prisión preventiva? ¿Con el cambio de un Consejo de la Judicatura más o menos independiente por uno nombrado por el Ejecutivo?
La verdad es que sobran motivos para creer que no. Hace muy poco los ecuatorianos estaban convencidos de que con el cambio de lo que antes se llamaba Congreso por algo que se llama Asamblea Nacional el país iba a tener un a mejor función legislativa. Pero no, no fue así.
Estaban convencido de que si los diputados pasaban a llamarse asambleístas iban a ser mejores legisladores y no. Para nada. Y creían a pies juntillas que con Montecristi el país iba a ser un país distinto y mejor y no, no fue así.
Muchas cosas pueden pasar si la consulta pasa y triunfa el sí. Quizá la única cosa segura es que la inseguridad no va a disminuir.

La fría estocada del Consejo de Participación

No debe ser fácil salir a defender la Constitución de Montecristi ni todo su evangelio de la llamada participación ciudadana. No, no debe ser para nada fácil con lo que acaba de hacer el Consejo de Participación Ciudadana.El organismo que tenía que convocar al concurso para designar el nuevo Consejo de la Judicatura decidió no hacerlo porque, como se sabe, hay una consulta en ciernes para ver si el pueblo está de acuerdo en que otro organismo haga ese trabajo. Obediente y lambón, el Consejo de Participación Ciudadana paró el proceso al que estaba obligado por la Constitución para nombrar a los miembros de Consejo de la Judicatura. La decisión se la adoptó dos horas luego que el canciller Ricardo Patiño dijera que su opinión es que ese proceso debía porque hay una consulta en trámite de por medio.
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¿Y dónde están los héroes de Montecristi?

No hace mucho en este país tronaban los cantos y los himnos en honor a la refundación de la Patria. En el cerro de Montecristi, que para ese entonces se había convertido en un moderno Monte Sinaí, los vítores y las alabanzas a la nueva Patria se repetían.
Ahí estaban llenos de sincero entusiasmo los coros de los Alberto Acosta, los Virgilios Hernández, las María Paula Romo, los Norman Wray, los Augustos Barreras, los Pacos Velascos y todos los refundadores de la Patria. Se había inaugurado la auténtica segunda independencia, la Definitiva.
Sí, se había enterrado a la falsa República, a esa que había sido diseñada para las oligarquías, para los banqueros y los caudillos opresores. Aquí ya no habrá más quien meta la mano en la Justicia. Esta era, se decía a todo pulmón, la etapa de la participación ciudadana. Los héroes de Montecristi eran además los sepultureros de, entre otras podredumbres del pasado, del manejo partidocrático de la Justicia.
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