Archivo mensual: diciembre 2010

Las peleas de gallos a referéndum

Creo que tras la intención de someter a referéndum las corridas de toros en el Ecuador no existe ni el cariño por esos magníficos animales como aducen algunos grupos ni el convencimiento de que sea una costumbre anacrónica como dijo Rafael Correa.
Me temo que los motivos para hacer un referéndum sobre el tema son otros, muchos más relacionados con encuestas y con estrategias políticas que con la protección de los toros. También creo que en el fondo de esta oposición a las corridas de toros, implícita en la iniciativa del referéndum, hay una cuenta por cobrar a una costumbre que, por alguna razón o sin razón, ha sido asociado con las oligarquías del país. El mismo Correa ya lo dijo cuando aseguró que va a hacer esta consulta aunque vaya a enfrentarse con la “oligarquía quiteña”.
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Las extrañas operaciones de paz

¿Qué será lo que se entiende como operaciones de paz? La pregunta salta por el hecho de que este concepto aparece en el convenio técnico militar que el Ecuador firmó con Venezuela y cuya aprobación le cupo a la Asamblea Nacional. Fernando Bustamante, legislador del Gobierno, asegura que el convenio no abre la puerta para la instalación de bases militares venezolanas ni para la llegada de militares venezolanos. Según este asambleísta el tratado solo servirá para intercambio de información, tecnología, conocimientos y “perfeccionamiento profesional” entre las fuerzas.
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A marchar con los militares venezolanos

Hoy escuché decir a César Rodríguez, legislador de las fuerzas del Gobierno, decir que quienes critican la firma del acuerdo militar del Ecuador con Venezuela tienen un “corsé ideológico” que hace que cada vez que escuchan la palabra Venezuela “se les irisa los pelos”.
Me llamó la atención lo del corsé ideológico porque resulta difícil pensar que una persona medianamente informada, como se supone que es Rodríguez, no se haya enterado de que las fuerzas armadas venezolanas son las más ideologizadas que se recuerde en el continente desde las obscuras épocas de Pinochet y que un convenio militar con ese país es, de por sí, profundamente ideológico.
Difícil imaginar en qué mundo vive Rodríguez y otros diputados del oficialismo como Gabriel Rivera que también luce “sorprendido” de que se critique al convenio por el simple hecho de tratarse Venezuela. ¿Dónde viven los legisladores del Gobierno? Parecería que ni Rodríguez ni la mayoría oficialista de la Asamblea se han enterado, por ejemplo, que Venezuela debe ser uno de los pocos países del mundo con un comandante de las fuerzas armadas, el general Henry Rangel, que se permite hacer un pronunciamiento público en el que afirma que está “casado” con el proyecto político del Presidente y afirma que no se someterá a lo que pueda decidir una Asamblea donde ese Presidente ya no tiene mayoría absoluta. Y que por decir eso no es sancionado, como manda la decencia democrática, sino que es promovido y ascendido. ¿Es que no se han dado cuenta que es con las fuerzas armadas de Venezuela y no de ningún otro que se firmó el convenio? ¿Es que acaso la consigna de “patria, socialismo o muerte” que repiten los militares venezolanos no es ideológica? ¿Y si no le es, entonces, qué mismo es?
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Se agrede a Vanguardia ¿y qué?

La agresión a la revista Vanguardia es repudiable, injustificable e indignante. Repudiable, injustificable e indignante porque basta un vistazo a los argumentos gubernamentales para darse cuenta de que son espúreos, ridículos y sin el más mínimo sustento. La afirmación de que Vanguardia no ha pagado su arriendo ha sido desmentida por el gerente de la publicación. Pero, además, la incautación de la noche del viernes no tiene ningún sentido incluso en el supuesto no consentido de que fuera cierto que no se ha pagado arriendo. ¿Había un juicio de inquilinato anterior en contra de Vanguardia? ¿Se allanan las oficinas o el domicilio de un deudor si no hay un proceso en su contra?
Lo que hizo el Gobierno, a través de la AGD y de su jefe Pedro Delgado, primo del presidente de la República, es a todas luces un acto de represalia política y parece salida de las páginas de los más siniestros cuentos dictatoriales. En el Ecuador ya no parece haber siquiera una gota de vergüenza cívica. Los principios de la vida en democracia son para los tontos, lo burgueses, la partidocracia y para los apátridas que no entienden que acá hay un proyecto que merece conseguirlo cueste lo que cueste. ¿Para qué democracia si hay un Gobierno que pone cada cosa en su lugar? ¿Para qué democracia si se hacen puentes y se construyen grandes carreteras? ¿Para qué derecho a la crítica si al fin llegó al poder un gobierno que piensa en los pobres y los buenos? ¿Para qué vivir en un sistema democrático?
Aquí no ha pasado nada. Finalmente solo es una revista que responde a intereses privados. El derecho del Gran Componedor no pude ser objetado por nadie.

¿La inversión social cojea?

El flamante, moderno y funcional aeropuerto de Santa Rosa que acaba de inaugurar el Gobierno costó 47 millones de dólares y tiene un promedio de 2 000 pasajeros al mes. Ese aeropuerto reemplaza al de Machala que, viejo y decrépito, tenía un promedio de 30 000 pasajeros al mes. En otras palabras se invirtió una importante suma de dinero para obtener un resultado más bien pobre, por no decir lamentable.
Este hecho apunta a un tema fundamental sobre el que el país, tarde o temprano, deberá discutir. Se trata el de la inversión. ¿Es la inversión siempre buena? ¿Siempre da resultados?
La interrogante salta también, y sobre todo, por el debate que se ha encendido alrededor de las cifras sobre disminución de pobreza que se han publicado recientemente. Dos críticos pura sangre de lo que se llama neoliberalismo, Juan Ponce y Alberto Acosta, han publicado un estudio sobre el desempeño del Gobierno en el campo social. El estudio tiene buenas noticias, como la monumental inversión social que ha hecho la llamada revolución ciudadana y la recuperación del salario real. Sin embargo hay datos preocupantes que, independientemente de la interpretación que se le dé, hablan sobre la importancia de reflexionar sobre qué pasa con la inversión. Sobre todo sobre la inversión social.
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La seducción fascista

La inseguridad es una de las peores formas de violación de los derechos humanos. Sobre todo porque es la que más golpea a los sectores más pobres e indefensos. La inseguridad es, además, la fuente de uno de los más peligrosos fenómenos que pueden afectar a una sociedad: el fascismo.
Cuando una persona es afectada por la agresión de un delincuente, su primera reacción es una mezcla de indignación, impotencia e indefensión que casi irremediablemente conduce a la necesidad de venganza. Me ha pasado. Sin haber estado de regreso más de seis meses en país he sufrido dos asaltos y he visto otro. He sido golpeado e insultado en las inmediaciones de mi casa y eso produce una reacción tan fuerte que es imposible no caer en la tentación, al menos por un momento, del desquite. Lo mismo ocurre cuando un ser querido es víctima de cualquier agresión.
Pero el desquite y el deseo de venganza son sentimientos que no le hacen bien a una sociedad que está comprometida con una convivencia basada en el respeto a los derechos humanos. Lastimosamente, las sociedades que sufren de inseguridad sienten la seducción de las fórmulas represivas y, en última instancia, en los discursos fascistas.
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¿Qué pasó con los discos duros de Raúl Reyes?

¿Y qué pasó con los discos duros de Raúl Reyes? Todo parece indicar que ese tema que tanto encendió al país a raíz del ataque colombiano al campamento guerrillero de las FARC en territorio ecuatoriano ha desaparecido del radar ciudadano.
Lo último que se supo es que Colombia entregó esos discos al Ecuador, pues era parte de un acuerdo entre los dos países para normalizar las relaciones. Se suponía que la exigencia del Ecuador se debía a la necesidad de esclarecer muchas cosas. Entre ellas, suponíamos, si los discos duros eran una invención o no de la campaña mediática que, el gobierno ecuatoriano, dijo que se había montado para desacreditar al Ecuador.
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