Archivo mensual: octubre 2010

Nada que ver con MacChrystal

Hoy el presidente Correa salió a refutar la validez del video que circula en internet donde se ve al general César Carrión, a quien acusa de haber atentado en contra de su vida, abrir la puerta del Hospital de la Policía para que pueda recibir atención médica.
Correa dijo que el video está editado y que no relata la verdad. Según el, lo que realmente, pasó es que uno de sus guardias obligó a Carrión, pistola en mano, a que le entregue la llave de la puerta.
Una de las cosas más atractivas que dijo, para reafirmar su idea de que un subordinado como Carrión no puede dar declaraciones sin el permiso de su superior, es que en los EE.UU. el general Stanley McChrystal, jefe de las fuerzas en Afganistán, fue destituido por haber dado declaraciones a la revista Rolling Stone.
Correa parece no saber algunas cosas. La verdad es que MacChrystal dejó el Ejército de los EE.UU. no por haber dado declaraciones a Rolling Stone sin el permiso de su superior, sino por las cosas que, supuestamente, dijo mientras el periodista Michael Hasting hacía un reportaje sobre el militar.
MacChrystal ni siquiera dio una entrevista a la revista. Fue el periodista quien recogió algunas opiniones que daba el general durante una reunión social y que las publicó en su artículo “The runaway general”. En el artículo se revelaba, básicamente, lo que el militar pensaba sobre los asesores de la Casa Blanca para el caso de Afganistán.
Lo curioso en este caso es que MacChrystal jamás negó lo que decía la revista, a pesar de que el periodista nunca lo grabó ni le pidió permiso par publicar lo que le había escuchado decir. Sin duda, en el Ecuador, si un caso así hubiera sucedido, el perjudicado hubiera negado haber dicho tal o cual cosa. O, como hacen mucho, se hubiera dicho que hubo una “malinterpretación”. En este caso, MacChrystal jamás negó lo que estaba en la revista y así se retiró del Ejército de los EE.UU. donde figuraba como uno de los oficiales más brillantes.
No solo esto: el presidente de los EE.UU. jamás insultó a MacChrystal sino que, más bien, se reunión con él durante dos horas antes de anunciar su decisión de separlo.
Lo que ocasionó la salida del general no fue el hecho de que haya dado declaraciones, como sostuvo alegremente Corra, sino el contenido mismo de sus declaraciones.
Y sobre lo de la adulteración del video y sobre la versión que Correa dio sobre cómo supuestamente sus guardias consiguieron las llaves, creo que lo mejor es simplemente ver y rever una y otra vez toda la grabación.

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Y encima el video

Y ahora es el video. Lo que le pasa al Gobierno con su obsesión por probar que hubo una conspiración para tumbarlo o para matar al Presidente está llegando a los límites de lo cómico y lo ridículo. Por no decir de lo trágico.
Hace casi ya siete días, el presidente Correa en una de sus presentaciones sabatinas había aparecido, con tono y gesto de aspirante a capataz recién empleado, vituperando en contra del coronel César Carrión, entonces director del hospital de la Policía. Le dijo tipejo y pedazo de majadero porque, según él, había cometido la osadía de contradecir a su jefe en la historia del secuestro. Según Correa, Carrión había tratado de atentar contra su vida colocando un candado en la puerta del Hospital.
Pues ahora resulta que un video en Youtube pone en entredicho toda la línea argumental de la tesis según la cual Carrión atentó contra la vida del Presidente (magnicidio es la palabra que usan) impidiendo su ingreso al hospital. Y es esta acusación la que sirvió como sustento para la detención de Carrión quien deberá estar en la cárcel 90 días.
Si bien el video no prueba la inocencia absoluta de Carrión, porque ningún video es prueba de algo, lo cierto es que en él hay elementos de peso que permiten pensar que no hubo un intento de bloquear el acceso al hospital y peor de atentar contra la vida del mandatario impidiéndole la atención médica. Es difícil negar que, tal y como aparecen las imágenes en el video, el coronel Carrión abre la puerta para que pase el Presidente y su seguridad. No se ve en ningún momento que Carrión haya sido obligado a abrir la puerta y, más bien, es evidente que la abre. Luego se ve que espera que pase Correa y su gente de confianza para inmediatamente volver a cerrarla, seguramente para evitar que entren más personas. Se observa también a una enfermera que está esperando la entrada de Correa y que, presumiblemente, fue ubicada en el lugar para que atienda al Jefe de Estado. Asimismo, se observa en las imágenes que una vez que Correa ingresa a los predios del Hospital es recibido sin el menor gesto de hostilidad. Es más, se ve a Carrión guiar al grupo de hombres que carga a Correa quien, casi inerte, da muestras de asfixia.
El supuesto intento de Carrión (“alevoso” dice en la orden de captura) de atentar contra la vida de Correa es el tercer intento del Gobierno por probar la tesis de la conspiración. El primero fue la historia del testigo protegido que supuestamente había dicho que Fidel Araujo le ofreció USD 5000 para que fotografíe al Presidente con una cámara que llevaba una arma de fuego. Luego resultó que el famoso testigo protegido había estado pensando en cualquier persona y no precisamente en Araujo.
El segundo intento fue la historia de una reunión en Miami donde se habían reunido Lucio Gutiérrez, Mario Ribadeneira, Carlos Alberto Montaner, Pablo Lucio Paredes y Roberto Isaías para planificar el derrocamiento. Ahí ya fue Youtube quien que demostró que esa fue una charla que dio Gutiérrez en una ONG de la Florida y a la que tenía acceso gratuito cualquier persona. Es decir que, de conspirativa, muy poco o nada.
Ahora llega este video y esta vez, al igual que en el caso de Araujo, queda espeluznante tufillo a atropello y a autoritarismo.

¿Quién dijo que Correa es un tirano?

Quienes han calificado a Rafael Correa como tirano y a su gobierno como dictadura tienen ahora un sobrado motivo para pensar que han tenido razón. Y quienes hemos sido escépticos de la tesis de que vivimos en una dictadura hoy tenemos un motivo de peso para pensar que hemos sido tibios y que hemos estado equivocados.
Sí, la noticia de que el coronel César Carrión, director del hospital de la Policía durante los sucesos del 30 de septiembre, ha sido privado de su libertad es la confirmación de que los más oscuros y alarmantes diagnósticos que se han hecho sobre la forma en que Rafael Correa gobierna el Ecuador eran sencillamente ciertos.
La detención de este oficial se produce únicamente por el hecho de que Correa no pudo tolerar que Carrión haya fracturado su tesis del secuestro al haber dicho a la cadena CNN que, durante aquel fatídico jueves 30 de septiembre, el Presidente estuvo rodeado en el tercer piso únicamente por personal médico y por la seguridad presidencial. Este simple hecho hizo que Correa lance sobre él, el sábado pasado, una sarta de insultos y de expresiones despectivas que, evidentemente, han hecho mella en quienes dicen administrar justicia.
Pero la noticia no solo da la razón a quienes han dicho que Correa es un tirano y que su gobierno es una dictadura, sino que no puede sino producir los más siniestros escalofríos a cualquier persona que valore los más elementales principios democráticos y de derechos humanos.
Lo hace porque la encarcelación de Carrión viola todos los preceptos constitucionales de un proceso justo y de la presunción de inocencia. A el coronel, a quien Correa tildó de “tipejo” y de “pedazo de majadero”, lo único que se le puede imputar objetivamente es haber dado unas declaraciones a CNN en las que niega que haya existido personal armado junto al Presidente y eso, en ningún lugar del mundo ni en la más calenturienta mente, es un delito. Y la acusación de Correa en el sentido de que Carrión no quiso abrir el candado de la puerta que comunica el Regimiento Quito con el Hospital para evitar que sea atendido, no solo que es un tema que deberías ser probado en un proceso sino que se contradice con todas las evidencias, como videos y testimonios, que indican que Carrión fue quien facilitó la atención médica.
Quienes han sostenido que Correa es un tirano y que su Gobierno una dictadura dirán que esta noticia no es la que les da razón y que es tan solo un eslabón más de una historia que pudo haber arrancado hace mucho y que solo se ha expuesto más con hechos más recientes, como la detención de Fidel Araujo o la condena al dirigente de la FEUE Marcelo Rivera como terrorista. Y la verdad es que, sí, que si se miran las cosas de esa forma, aquellos que han dicho que Correa es un tirano y que su Gobierno una dictadura han tenido, lastimosamente, su boca llena de razón.

Pedazo de majadero

Es difícil hacer pronósticos sobre el futuro de las relaciones entre la Policía y el Gobierno. Lo único que es sencillo es concluir que si esas relaciones no mejoran, el ejercicio de gobernar será duro y complicado.
Pero todo indica que muy poco se hace desde el Gobierno para establecer una nueva relación de respeto mutuo.
Tengo la impresión de que la más reciente explosión de insultos del presidente Rafael Correa en contra del coronel César Carrión, director del hospital de la Policía, no es un buen augurio. “Ni sé el nombre de este tipejo, pero que sepa con quien se está metiendo: soy el Presidente de la República ¡pedazo de majadero!… Tú eres mi subalterno y no puedes estar tratando de hacer quedar como mentiroso a quien es tu jefe”. Es casi imposible imaginarse un estadista moderno expresarse así durante una presentación pública, independientemente si tiene razón o no, pero me temo que estas expresiones va a hacer más difícil una reconciliación entre Gobierno y Policía.
Hay muchas razones para pensar en ello. Una es que el coronel Carrión goza de simpatía entre la oficialidad policial y que, pese a todo lo que haya gritado Correa el sábado, tiene el respaldo de un importante sector de la Policía.
Existe también la certeza, dentro de la oficialidad y tropa, de que el Presidente no dijo la verdad y fue inmensamente injusto cuando acusó a Carrión de haber puesto candado a la puerta de acceso para evitar que sea atendido por asfixia. No es secreto que entre los médicos que estaban en el lugar, existe el convencimiento de que todo fue al revés. Es decir que Carrión fue quien abrió la puerta para que Correa pueda ponerse a buen recaudo de los gases en el Hospital. Es más, muchos dicen haber sido testigos de cuando el coronel Carrión dispuso que se le asistencia médica al Presidente. Cómo dice El Comercio, cuando el Mandatario ya estuvo alojado en el tercer piso, Carrión le dijo en son de broma “esta es la llave que le salvó señor Presidente”.
Pero el sábado pasado, Correa ordenó que Carrión sea destituido y dado de baja. “Ministro Jalkh, ya se lo dije: este señor inmediatamente afuera de la Policía”, dijo Correa ese día. Pero la verdad es que la cosa no es tan sencilla. Para que Carrión sea dado de baja deberá haber todo un proceso con un sumario incluido y ahí el acusado, se supone, deberá dar su versión. Todo este trámite con lo que pueda tomar, inevitablemente exacerbará sensibilidades y encenderá más resentimientos.
Por todo esto me temo que el sosiego en los terrenos del poder aún demorará en llegar. Y mientras más se grite, la solución más lejos va a estar.

El misterio de las balas ausentes

Hace poco nos dolíamos por el hecho de que la gran conversación nacional se haya centrado en si el 30-S hubo un golpe de Estado, como sostiene el Gobierno o una intolerable insubordinación policial como sostienen los escépticos y no en lo que nos parecía lo más importante: el esclarecimiento de la muerte de al menos 5 ecuatorianos, en un operativo militar que a cualquier espíritu civilista debe haberle parecido excesivo y brutal.
Y ahora nos topamos con la bizarra noticia de que los peritos no han podido encontrar las balas en los cuerpos de dos de los militares muertos. ¿Que pasó con las balas? El tema es complicado. Según dijo Carlos Meza, director de una firma pericial que fue contratada por el Ministerio de Justicia para estas tareas, no se pudieron encontrar las balas, a pesar de que los cuerpos no tienen orificio de salida. “En algún momento estos cuerpos fueron intervenidos quirúrgicamente, no se dónde, pero se les extrajo las balas”, dijo Meza en entrevista en Ecuavisa.
Sin estos proyectiles, sostuvo el perito, no puede haber un estudio sobre de dónde y quienes hicieron los disparos. La duda sobre si alguien está ocultando es desconcertante. Se podría podría pensar que durante los intentos de salvar las vidas de los dos soldados se extrajeron las balas y que, en medio de la desesperación, nadie se preocupó por entregarlos a las autoridades. Pero también es sospechoso que, como dijo Meza, no haya habido una adecuada cadena de custodia de los proyectiles.
El tema de las balas desaparecidas no es lo único que llena de espeluznante sombras a este caso. Meza también reveló que a su firma no se le permitió participar en otra diligencia similar, esta vez en el Regimiento Quito, porque aparentemente había un pedido para que su firma no esté presente. Según Meza, el pedido se basaba en algún motivo de seguridad. Absurdo y lo que es peor, terriblemente sospechoso.
Si existe un ocultamiento en este tema es porque hay alguien que no quiere ser responsabilizado por las muertes. Y eso hace que todo este caso sea particularmente siniestro y triste. Sin duda, la noticia sobre las balas ausentes obliga aún más a que exista un verdadero y transparente esclarecimiento del operativo militar con el que se rescató a sangre y fuego al presidente Rafael Correa del hospital de la Policía.

La caricaturesca tesis de la conspiración

Hay telenovelas con buenos guiones pero que no tienen mayor pegada en la audiencia. Hay otras, en cambio, que tienen guiones ridículos y que son grandes éxitos. Uno de esos casos era la Gata Salvaje, que se transmitía por TC Televisión al mediodía y que mantenía en suspenso a miles con un guión absurdo y unos personajes completamente caricaturescos.
A la tesis del golpe de Estado que mantiene el Gobierno le pasa lo mismo que a la Gata Salvaje. Tiene un guión que es tan absurdo y ridículo que únicamente podría funcionar en una de esas telenovelas que se transmiten al mediodía. Veamos porqué.
La tesis de la conspiración tiene dos grandes piezas argumentales. Por un lado, la versión de que hay un testigo bajo protección del Estado que, según el presidente Rafael Correa, afirma que Fidel Araujo lo quiso contratar para matarlo. Pero resulta que el tal testigo describe en su testimonio a una persona que, ni de lejos, es el Fidel Araujo que muchos conocen. Primero porque la descripción física del personaje no coincide para nada con Araujo y luego porque afirma que la persona que supuestamente lo quiso contratar para cometer magnicidio vestía una ropa que, como le consta a cientos de miles de personas que vieron a Araujo en videos y en las propias cadenas del Gobierno, era completamente distinta a la que llevaba puesta el sospechoso.
Luego, el testigo protegido por la Fiscalía afirma que el supuesto Araujo le ofreció pagarle USD 5 000 para que le tome una foto con una cámara que solo puede existir en una película de James Bond. Se trata, ni más ni menos, de una cámara que lleva una arma de fuego incorporada. No solo que el concepto de una cámara de fotos que lleva en sus entrañas una pistola es alucinada, sino que en ningún lado de la declaración el testigo dice que haya sido contratado para cometer magnicidio. Eso parece ser un añadido del Presidente.
La segunda gran pieza de la tesis de la conspiración es una reunión en Miami, donde Lucio Gutiérrez dio una conferencia, siete días antes de los incidentes en el Regimiento Quito. El Presidente, en tono grave y lírico, dijo ante miles de partidarios que la gran prueba de la conspiración era esta reunión, en la que personas como Mario Ribadeneira y Pablo Lucio Paredes se habían congregado para organizar el golpe junto con el cubano Carlos Alberto Montaner. Pues resulta que luego se sabe que esta reunión “conspirativa” fue un foro público organizado por una cosa llamada Instituto Interamericano por la Libertad y la Democracia, y al que asisten quienes quieran hacerlo. Resulta cómico imaginarse una reunión abierta al público y que puede verse incluso en Youtube para planificar un golpe de Estado.
Lo más increíble de este ridículo y caricaturesco guión es que haya quien se lo cree. Si esto fuera La Gata Salvaje, el personaje que salió a decirle a cuanto diario y agencia internacional que Araujo fue contratado para matarle y que en Miami se gestó la conspiración, lo único que provocaría es una profunda ternura. Y una tibia sonrisa.

Fidel Araujo ya está condenado por magnicidio

Fidel Araujo se encargó de negociar magnicidio. Araujo ofreció dinero para matar a Correa. Titulares como estos serían inimaginables en un país donde existen derechos civiles como aquel que habla de la presunción de inocencia o del justo proceso.
Serían absolutamente inconcebibles en cualquier democracia más o menos madura si no hubiera habido antes una sentencia de un tribunal o un juez competente.
Pero no, estos titulares son perfectamente posibles y aparecieron en el Ecuador, donde los evangelistas de Montecristi prometieron un sistema justo y solidario.
Y no aparecieron en la prensa corrupta, mediocre y mentirosa. No, estos titulares aparecieron el viernes en las páginas del diario estatal El Telégrafo cuando Araujo, culpable o no de cualquier cosa, no ha cumplido aún ni con los 90 días de prisión a los que le condenaron hasta ser investigado por los sucesos del 30-S.
Estos titulares, en verdad, jamás hubieran aparecido si no fuera porque quien afirmó con seguridad que Araujo quiso matar al Presidente fue el propio Presidente. Y porque El Telégrafo no es sino un órgano más de la parafernalia gubernamental y no cumple con el más mínimo principio de un medio público.
Araujo puede ser culpable de cualquier cosa, pero mientras no se lo compruebe lo contrario es inocente.
Correa y El Telégrafo no solo que borraron de un plumazo la garantía que habla de la presunción de inocencia, sino que deberán probar lo que dijeron si no quieren quedar como mentirosos. Claro, eso en un país distinto a este.