Entretelones de la entrevista con Castro

Mucho se ha hablado, estos últimos días sobre Fidel Castro, sobre lo que aparentemente le dijo sobre el modelo cubano al periodista Jeffrey Goldberg de la revista The Atlantic y sobre su “rectificación” a los pocos días después.
Pero poco se ha comentado sobre Goldberg, sobre cómo reaccionó frente a la “rectificación” de Castro y, sobre todo, sobre cómo fue su entrevista con el legendario líder de la revolución cubana.
Goldberg quien se mantuvo firme en su versión sobre la declaración de Castro, nunca buscó entrevistarse con él sino que, muy por el contrario, fue invitado por el propio dirigente cubano a mantener una conversación con él.
La historia la cuenta el propio Goldberg en su blog en The Atlantic. Ahí cuenta que mientras estaba de vacaciones en la elegante Martha’s Vineyard sonó su celular y que quien lo llamaba era Jorge Bolaños, el jefe de la Sección de Intereses Cubanos en Washington. “Tengo un mensaje de Fidel para usted”, le dijo Bolaños, lo que, según Goldberg le hizo quedarse de una pieza. “Fidel ha leído su artículo en Atlantic sobre Irán e Israel y lo invita a la Habana el domingo para discutir el tema”, le dijo Bolaños. Goldber sostiene que, como siempre está ansioso por conversar con los lectores de la revista, aceptó la invitación, no sin antes pedirle que lo acompañe a una amiga del Council on Foreign Relations (un think tank independiente que estudia temas internacionales), Julia Sweig quien es experta en Cuba y América Latina.
El vuelo de Miami a Cuba iba lleno de cubanos residentes en los EE.UU., quienes viajaban llenos de televisores de pantalla plana, describe Goldberg. Cincuenta minutos más tarde llegaron a un desierto aeropuerto de la Habana. Luego, Goldberg y Sweig fueron hospedados en una de esas residencias llamadas Casas de Protocolo, donde el único otro huésped era el Presidente de Guinea Bisseau.
Al día siguiente, narra Goldberg en su blog, él y Julia Sweig fueron llevados hasta un centro de convenciones donde un debilitado Fidel Castro los recibió amistosamente. Vestía una camiseta roja, llevaba puesta una sudadera como pantalón y un par de zapatos deportivos negros de marca New Balance. El cuarto estaba repleto de funcionarios y familiares de Castro. Su esposa Dalia, su hijo Antonio, un ministro, un traductor, un doctor y varios guardaespaldas, entre otros.
Goldberg cuenta que una de las cosas que más le llamó la atención fue la agilidad mental de Castro. Cuando le preguntó si su enfermedad le había hecho creer en Dios, Castro le respondió: “Perdón pero sigo siendo un materialista dialéctico”.
La iniciativa de Castro de conversar con el periodista, básicamente se produjo porque el líder cubano compartía la tesis de Goldberg -esbozada en su artículo- en el sentido de que los EE.UU. e Israel están conduciendo al mundo a una guerra por su torpe confrontación con Irán. Pero una de las cosas que más le impactó a Goldberg es la forma en que Castro condenó la política de Irán frente al tema judío y la postura del presidente iraní, Ahmadinejad, de negar la existencia del holocausto.
Cuenta, asimismo, cómo Castro le contó que desde niño le impactó el anti semitismo y recordó que en el campo cubano se decía que el viernes santo se recordaba el día en que los judíos habían matado a Dios. “!Se decía que los judías mataron a Dios. Te das cuenta de eso!”, exclamó Castro en el encuentro. Castro, incluso, fue más allá y le dijo que estaba convencido de que los judías han sufrido, a lo largo de la historia, más que los árabes
Goldberg cuenta asimismo que le llamó la atención la forma vehemente y repetitiva en que Castro condenaba la política anti semita de Irán, y que le preguntó que por qué le decía todo eso y que el ex presidente de Cuba le dijo: para que usted lo comunique.
La conversación entre Castro, Goldberg y Sweig duró tres días. Al final, el periodista de The Atlantic le preguntó a Sweig sobre su opinión sobre el encuentro y su contenido. Swieg le respondío. “Fidel está en una etapa temprana de reinventarse a sí mismo como un estadista retirado y no como un jefe de Estado. Ahora se dedica a lo que realmente le interesa, que son los asuntos internacionales”.

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